sábado, 2 de julio de 2011

Ética del biodiesel: para gasolina SÍ, y para los hambrientos del mundo NO



El mundo está al borde de que se produzca una escasez de combustibles fósiles, y los biocombustibles se están presentando como la solución intermedia entre una economía basada en residuos fósiles y otra basada en el hidrógeno (el hidrógeno es visto como el verdadero combustible del futuro, pero actualmente su precio de mercado es aún muy alto).

Las dos variantes más conocidas de los biocombustibles son los alcoholes producidos a partir de procesos de fermentación y destilación de vegetales ricos en azúcares y/o almidones, que es la más extendida, y más recientemente la fabricación de un sustituto del combustible para motores Diesel a partir de aceites vegetales, entre los que naturalmente se destacan los que se obtienen de las leguminosas.

Hay que destacar que los intentos por emplear los biocombustibles en América del Norte (EE.UU. y Canadá, ambos grandes productores de cereales y granos) no van dirigidos a la fabricación de un combustible que sirva para sustituir a la gasolina, sino que se encaminan básicamente a producir ahora cantidades significativas de etanol (alcohol etílico) para mezclarlo con gasolina en una proporción ya estudiada.

Esto resulta no solo en un ahorro de hasta un 25 por ciento de la gasolina destilada a partir del petróleo crudo, sino que también constituye un importante aporte a la reducción de la contaminación ambiental, toda vez que la mezcla conocida por el nombre de GASOHOL, quema mucho mejor que la gasolina y los gases de escape que se generan tienen una composición química mucho menos agresiva al medio ambiente.

Aunque estos biocombustibles (como el biodiesel o el bioetanol) están siendo presentandos como "neutrales en emisiones de carbono", ya que no contribuyen a las emisiones de carbono porque su quema simplemente devolvería a la atmósfera el dióxido de carbono que las plantas absorbieron cuando estaban creciendo en el campo, esto es así con respecto a lo que estaba creciendo antes de que se instalara la plantación.

Como la industria de los biocombustibles tiene planes de expandirse exponencialmente, es probable que comience a ocupar zonas de bosque primario o secundario, como ya ha ocurrido con las plantaciones de soja.

Las plantaciones de soja han desplazado los bosques del Chaco en Argentina y los bosques del Pantanal y el Chaco en Paraguay. Y aún más: la soja ha abatido bosques del Amazonas, el Pantanal y la Mata Atlántica en Brasil. El saldo neto de dióxido de carbono por lo tanto es fuertemente negativo.

Además, se generan otros gases de efecto invernadero como resultado del propio cultivo, el procesamiento, refinamiento, transporte y distribución del combustible. Cada vez parece más probable que los biocombustibles son un contribuyente neto de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Dado que cada año se usa una cantidad de combustibles fósiles por valor de cuatro siglos de plantas y animales, la idea de que sencillamente podemos reemplazar este legado fósil (y la extraordinaria densidad de energía que nos da) por energía ecológica parece poco realista, ya que no hay suficiente tierra arable en la cual cultivar todos los cultivos de biocombustible necesarios para satisfacer el voraz apetito de los países industrializados.

Por ejemplo, en Brasil hasta ahora el etanol se obtuvo de la caña de azúcar, pero la expansión de soja ocurre mientras Brasil experimenta un auge de las exportaciones de etanol de caña de azúcar. Es muy posible que las plantaciones de caña de azúcar y soja compitan por la tierra, lo que haría casi inevitable que se corten más bosques para dar lugar a que se planten ambos cultivos.

En septiembre de 2005, Amigos de la Tierra publicó un informe sobre el impacto de la producción de aceite de palmera en Malasia. "Entre 1985 y 2000", descubrió, "la explotación de plantaciones de palmeras de aceite fue responsable de un 87 por ciento de la deforestación de Malasia" (8). En Sumatra y Borneo, unas 4 millones de hectáreas de bosque se han convertido en tierra de cultivo de palmeras. Ahora se programa despejar unas 6 millones más de hectáreas en Malasia, y 16,5 en Indonesia.

Pero antes de que se planten palmeras de aceite, que son pequeñas como maleza, han de talarse y quemarse enormes árboles en los bosques, que contienen unas reservas de carbono mucho mayores. Cuando se acaba con las tierras más secas, las plantaciones se trasladan a bosques cenagosos, que crecen en turbas. Una vez cortados los árboles, los plantadores desecan el suelo. Cuando la tuba se seca se oxida, y libera aún más dióxido de carbono que los árboles.
En términos del impacto que causan en el medio ambiente local y mundial, el biodiesel de palmera es más destructivo que el petróleo crudo de Nigeria.

Por si esto no fuera suficiente, dado el crecimiento de las subvenciones de los gobiernos a favor de los cultivos aptos para ser biocombustibles, los agricultores dejarían de producir cultivos alimenticios para la población y en cambio se concentrarían en producir "combustibles limpios" para Europa. Es decir, la gasolina se produciría en primer lugar para el Primer Mundo, y en detrimento de la alimentación del Tercer Mundo.

Por tanto, al promover el biodiesel (como hacen la Unión Europea, los gobiernos británico y estadounidense y miles de defensores del medio ambiente) no se está creando un mercado de aceite de patatas fritas usado, o de aceite de colza, o de aceite de algas que crecen en estanques del desierto. Sino que en realidad se está creando un mercado del cultivo más destructivo de la tierra.

En opinión de muchos, el biodiesel también ha proporcionado una salida para la superabundancia de cultivos modificados genéticamente (transgénicos) que los consumidores están rechazando en todo el mundo.

El presidente Lula, de Brasil, ha declarado que la soja transgénica se utilizará para los biocombustibles y la "soja buena" para consumo humano.

Argentina también tiene planes de transformar la soja transgénica a biodiesel (los tres principales productores mundiales de soja son EEUU, Brasil y Argentina, en este orden).

Pero esto también es una excusa para que muchas macroempresas agrarias se puedan desprender de sus excedentes agrícolas que se producen dado lo enorme de sus concentradas producciones (por ejemplo, en EEUU se evitaba que entrara al mercado parte del maíz producido allí para evitar que caiga su precio). Mientras que en pequeñas dosis pueden ser muy beneficiosas para el ecosistema si se devuelven a él (por ejemplo, los purinesde cerdo), son terribles para el entorno en los elevados grados de concentración que se dan en estas gigantescas agroindustrias. Así, estos excedentes se queman y las empresas se publicitan al gran público como "ecológicas".
Lo que en realidad se intenta ocultar es que el sistema de producción crea enormes desajustes producto de enormes injusticias en la distribución de la riqueza y en el comercio desigual (tres cuartas partes de la población mundial en muy precaria subsistencia, mientras Europa y EE.UU. están tirando la mantequilla a las minas, por vagones y trenes, para que se mantengan los precios fijados por Bruselas).

Además el cultivo, la recolección, el procesamiento y la distribución de los biocombustibles sólo es posible con grandes máquinas que consumen diesel, mucho diesel (aunque esté mezclado con algo de biodiesel, la mayor parte sigue siendo combustible fósil), y no mediante la recolecta a mano. Esto invalida la afirmación "si sube el diesel, el biodiesel puede llegar a ser rentable".

Por último, recientemente el gobierno español anunció que Repsol instalará una planta de biodiesel en la provincia de León. El pronóstico es que la materia prima se obtendrá de cultivos oleaginosos y provendrá de regiones donde la mano de obra y la tierra son baratas y donde se permiten los cultivos transgénicos, es decir, en el Hemisferio Sur.

El Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG) de la UE, que ofrece aranceles más bajos o un acceso en franquicia de derechos al mercado de la Unión a las importaciones procedentes de 178 países y territorios en desarrollo, será usado para permitir la llegada de la materia prima. Y el reclamo de los países del Sur del mundo para que el Norte quite los aranceles a sus cultivos subvencionados solo será oído cuando el tiempo de los biocombustibles arribe.

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