sábado, 2 de julio de 2011

El Accidente de Descompresión

Hay dos situaciones que ponen en peligro la vida en un accidente de submarinismo: el aeroembolismo y el síndrome de descompresión, aunque ambas suelen agruparse como accidente de descompresión.


El aeroembolismo (o de forma más precisa, el embolismo arterial por gas) ocurre cuando las burbujas de aire, que penetran en el torrente sanguíneo a través del tejido pulmonar dañado, bloquean la irrigación de una parte del cerebro, del corazón o de la médula espinal, provocando generalmente inconsciencia, parálisis o apoplejía.
 
Cualquier persona que haya respirado aire debajo del agua, independientemente de la profundidad, puede sufrir un aeroembolismo. Esto puede ocurrir a profundidades de tan sólo un metro, en un ascenso reteniendo la respiración.

Incluso un buceador bien entrenado, respirando adecuadamente durante el ascenso, puede sufrir un aeroembolismo debido a otros problemas médicos que afecten a los pulmones, pues puede quedar aire atrapado en los tejidos pulmonares. La presión expansiva de este aire durante el ascenso puede ser suficiente para romper los alvéolos pulmonares. Este aire pasaría a sangre como un aeroembolismo. Pueden darse otros problemas menos graves como el pneumotórax o el enfisema subcutáneo o de mediastino.


El síndrome de descompresión se manifiesta como un dolor de las articulaciones, entumecimiento, parálisis y otros síntomas provocados por la liberación del gas disuelto en los tejidos, el cual forma burbujas después que el buceador haya ascendido a la superficie.

El síndrome de descompresión puede ocurrir a cualquier individuo con un largo tiempo de inmersión a profundidades mayores de unos nueve metros. Los buceadores deportivos se arriesgan a este síndrome de descompresión cada vez que se acercan a la curva de seguridad.

Como estos accidentes pueden ocurrir incluso cuando seguimos las tablas del ordenador de buceo, un buceador precavido no se acercará a los límites de tiempo para su profundidad actual (curva de seguridad) y asignará unos tiempos adecuados de descompresión caso de sobrepasarla.

Antes de realizar una inmersión es fundamental conocer la ubicación de la cámara hiperbárica más cercana, para casos de accidente de descompresión.



Si buceamos con un centro de buceo, nunca está de más preguntarlo, de cara a asegurarnos que está próximo, y existe. No se recomienda bucear si no existe una cámara hiperbárica a menos de 100 Km.

Hay que tener en cuenta que el tiempo que tenemos hasta ingresar en una cámara para una recompresión, no debe nunca superar la hora si queremos evitar lesiones irreversibles. Si buceamos solos prepararemos antes de bucear cuál sería la operativa si se diese un accidente de descompresión, asegurándonos de que en el punto de inmersión existe cobertura de móvil, o de radio (si disponemos de emisora en la embarcación) y de que llegaríamos rápidamente hasta la cámara hiperbárica, por nuestro propio pié, o por medio de un helicóptero (del seguro) o ambulancia.

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